Lo reconozco públicamente, cada vez estoy más pajera. Ya entramos al frió y a la mezcla perfecta de cama, chocolate, guatero y perro, por lo que cada vez me cuesta más parar la raja e ir a speedworks a entrenar, pero sé que debo hacerlo.
Lo bueno es que me hice una amiga la cual me whatsappea cada vez que ella va obligándome a ir. Las últimas veces que he ido hemos hecho la clase con un profesor hombre, ya que queremos tener un entrenamiento más agresivo y créanme que lo logramos, salimos destrozadas cada vez que la hacemos con él.
La otra vez me pasó que tuve clase con Paulo y llegó una galla nueva a probar cómo era Speedworks y le tocó la mala -o buena- suerte de tener que probar con Paulo. Al final de la clase ella se quería matar, la miré y le comenté que nunca eran así de terribles y parece que me creyó porque después la vi de nuevo en otra clase.
Speedworks es difícil y agotador, pero en verdad si quieren hacer deporte es una buena experiencia!












